The good wife

by Pablo

Que Julianna Margulies estaba pidiendo a gritos una serie a su medida es un hecho impepinable, que diría cierta presentadora de telediarios. Lo demostró en Urgencias con un papel que le concedió premios y el reconocimiento de la crítica, y lo reafirmó con un paso breve pero intenso por Los Soprano, como motivo de discordia entre Tony Soprano y su sobrino Chris. La oportunidad le ha llegado de la mano de The good wife; como espectadores, no podemos estr más que satisfechos.

“Otra de abogados”, podrán criticar, con rechinar de dientes, los más recalcitrantes. Aunque esto fuera cierto, ¿importaría algo? El género judicial, ya sea en pequeña o gran pantalla, es uno de los más agradecidos, solo superado por el policíaco y a la altura del médico. Por si fuera poco, una serie de abogados siempre filtrea con lo policial y admite lo médico, entre muchos otros ámbitos. Pero el caso es que The good wife no es solo “otra de abogados”. Sobre todo, porque contiene una sub-trama política muy bien dosificada de la que vamos recibiendo información a cuentagotas, que va ganando peso conforme avanzan los capítulos y que se cierne como una sombra ominosa que pone al espectador sobre aviso (vaya, esta no es otra serie de abogados). Por esto, que no es moco de pavo, y por su protagonista, Alicia Florrick.

Alicia Florrick es, obviamente, Julianna Margulies. Un personaje que, para una actriz como ella, es un caramelo. Alicia es “la buena esposa” (“the good wife”) del título. Engañada por su marido, el putero fiscal del estado, que acaba con sus huesos en la cárcel, a Alicia no le queda otra que tragar diez mil sapos y ser eso, una buena esposa, en lugar de mandar a por amapolas a su esposo, un hombre otrora poderoso que ha tirado su vida por sus devaneos con prostitutas. Al tiempo que capea el temporal mediático, la señora Florrick retoma su carrera como abogada desde lo más bajo, como asociada junior en un bufete de tres socios. Uno de estos es Will, un viejo amigo (con pretensiones de algo más) de los tiempos universitarios; lo cual, por un lado, es una ventaja, pero también un inconveniente por ese componente amoroso. Hay una plaza en juego y dos candidatos: Alicia y el trepa Cary, que más allá de su nombre de bobo y sus insoportables ansias por destacar, acaba resultando medio simpático una vez los guionistas suavizan sus aristas más competitivas. Esto, bajo la implacable mirada de Diane, la socia que se disputa con Will el control del bufete, y de la fiscalía en pleno, ahora en poder del enemigo de su marido. Marido que, por cierto, pleitea para salir de la cárcel con la condicional, lo cual coloca a Alicia en una situación delicada (¿le he perdonado?).

Articulado cada episodio en torno a la resolución de un caso, The good wife debe un enorme porcentaje de su gancho a Margulies y su Alicia Florrick, que consigue la empatía del espectador a base de echarle huevos y demostrar que es una abogada brillante, a partes iguales. Por más que a aveces resulten exagerados sus raptos de genialidad, se perdonan porque, en el fondo, quien visiona la serie está deseando que a Alicia le salgan bien las cosas. Rodean a Margulies una constelación de secundarios eficaces, entre los que descollan Chris Noth como Peter Florrick (el marido) y la sorprendente Archie Panjabi como Kalinda Sharma, algo así como una Lisbeth Salander sin las taras de una infancia turbulenta.

En conjunto, un producto potente, atractivo y que no hace más que crecer a medida que avanza la trama y se va devorando capítulo a capítulo.