Archive for December, 2011

Top ten 2011 (by Pablo)


31 Dec

Fieles a la tradición, y en un alarde de falta de originalidad, procedemos a compartir con vosotros nuestras películas del año, todas ellas estrenadas entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 2011 en España. Diez, sí, para hacerlo aún más manido.

En mi caso, vaya por delante que se trata de una lista tremendamente subjetiva, no tanto una cosa canónica, de pretender condensar lo mejor de 2011, sino un decálogo con lo que más me ha gustado de todo lo que he visto. Aquí, otro aviso: no he visionado todo lo estrenado este año, de ahí que podáis encontrar ausencias que consideréis, incluso, groseras.

Agotados los preámbulos, este sería mi Top 10:

1.- Drive: Creo que no me ciega mi devoción por Ryan Gosling, el mejor actor de su generación, cuando la elijo como mi favorita del año. Estrenada hace apenas unos días, los que no la hayáis visto todavía estáis a tiempo de saborear un filme de culto automático. Nicolas Windign Refn demuestra pulso en las escenas de acción y un ojo soberbio para mostrar un Los Ángeles nocturno como yo no había visto nunca. La BSO es soberbia. La trama del solitario con buen corazón quizás no sea muy original, pero con Gosling en el rol del héroe y una pléyade de grandes secundarios (Muligan, Brooks, Cranston), el resultado se dispara por encima de las expectativas. Romance y muerte en una película portentosa.

2.- Cisne negro: A mi juicio, la cinta que debió llevarse el Oscar en la última edición. Darren Aronofsky parió una maravilla que exprimió a Natalie Portman como un limón en su mejor trabajo hasta la fecha, y probablemente de toda su carrera. Atrevida, arriesgada, impactante y brutal. Demasiado para la Academia.

3.- The artist: Una joya. Un homenaje al cine, a la Historia del Cine y al arte. Fotografía en blanco y negro y casi absoluta ausencia de sonido son dos cartas de presentación que se pueden atragantar al espectador medio. Pero vale la pena. Es la favorita, ahora mismo, de cara a los próximos Oscar. No es mi primera opción para este top 10, pero reconozco su singularidad y exquisito buen gusto. El perro merece la estatuilla.

4.- Animal Kingdom: Imperdonable que esta cinta australiana haya pasado tan desapercibida. Dura, sin concesiones, tremendamente realista, un golpe en todo el estómago, un retrato de los bajos fondos fiel y descarnado. Familia, traición, muerte, pecado. En Sundance supieron reconocer su valía.

5.- Super 8: Para algunos, ñoña hasta decir basta. Quienes gozamos en la infancia con Los Goonies y E. T., sentimos algo parecido a un viaje en el tiempo de la mano de Abrams y Spielberg. Su amor al cine le hace subir, además, muchos puntos.

6.- No habrá paz para los malvados: Creo que nunca había incluido una película española en una lista de este tipo, pero Urbizu y Coronado lo merecen. El primero debería rodar más. El segundo se come la pantalla con su Santos Trinidad. Un filme tan bueno que uno duda de que sea realmente español.

7.- Senna: Esperaba lo justo de este documental y lo vi con los pelos de punta y un nudo en el estómago. Un trabajo a la altura del mito que retrata.

8.- Inside job: Y segundo documental en la lista; este, de visionado casi obligatorio para comprender por qué estamos como estamos y por qué seguiremos como estamos, o peor. Un análisis implacable sobre el origen de la crisis financiera con un poso demoledor.

9.- The fighter: Sin Christian Bale podría ser una cinta más con Marky Wahlberg, pero el trabajo de Bale, ganador de un Oscar, la eleva y hace merecedora de ser incluida en esta lista. El boxeo prolonga su idilio con el séptimo arte.

10.- Monsters: Y cierro con una debilidad personal, una película rodada con cuatro perras, con un director que es hombre-orquesta y se encarga también del guión y los efectos especiales. La demostración de que se puede narrar una invasión alienígena con un presupuesto bajo y un talento alto.

Esta es mi lista. Espero vuestros comentarios… y la lista de Carlos. ¡Feliz 2012!

Drive


29 Dec

Hay que ser muy bueno para conseguir una película tan buena partiendo de una premisa, a priori, tan magreada. En otras manos, sin Ryan Gosling encarnando a Driver y sin Nicolas Winding Refn a los mandos, Drive podría haber quedado reducida, con suerte, al enésimo vehículo de acción; y aún más probablemente, a una chabacana producción de serie B sobre un malote que conduce muy rápido y no tiene piedad de nadie, salvo de la chica de turno, que nos permite ver su lado más sensible, la fisura en el bloque de hormigón.

Por suerte, Drive no la protagoniza Vin Diesel ni está dirigida por el mercenario videoclipero de turno. Desde el prólogo, esa escena inicial hasta los títulos de crédito, uno advierte sin dificultad que lidia con algo diferente, especial. Contar con Gosling ya es, en sí mismo, una garantía. A sus 31 años es el mejor actor de su generación, y me importa un bledo lo que digan los premios. No solo por sus dotes interpretativas, que no admiten discusión, sino también, y quizás más aún, por el diseño de su filmografía y la elección de sus papeles. Desde que rompió amarras con Disney, si exceptuamos su escarceo con el almíbar en El diario de Noah, este canadiense no ha dejado de arriesgar: su judío nazi de El creyente; su adolescente tarado de El mundo según Leland; su entrañable cuasi autista de Lars y una chica de verdad; su profe yonqui de Half Nelson; su conformista encantador de Blue Valentine… Hasta llegar a un 2011 en el que se ha atrevido con el drama político (Los idus de marzo), la comedia inteligente (Crayz stupid love) y la joya de la trilogía, Drive.

Arriesgado era también contar con un tipo especial como Nicolas Winding Refn, danés poco conocido para el gran público, como hombre al cargo. El resultado prueba su acierto. El ojo de NWR es excepcional para captar un Los Ángeles nocturno como pocas veces lo hemos visto, y el mejor aliado para que Gosling desarrolle su personaje, uno de esos héroes callados, un samurái, un tío que ha hecho de su código una forma de existir, que nunca se sale de los márgenes para que su vida (mecánico de día, conductor de ladrones de noche) no descarrile de forma inevitable. La horterísima cazadora con escorpión bordado a la espalda es la armadura del guerrero silencioso. Gosling apabulla y corta la respiración con esa mirada profunda y ese apretar de puños; con esa promesa hierática de que es capaz de todo llegado el momento de la verdad.

El detonante, la palanca del cambio, lo marca la aparición de la vecina, interpretada por Carey Mulligan, una madre joven que cuida sola de su hijo mientras el padre cumple condena en prisión. Driver cuida del pequeño y se enamora de la madre, en una ceremonia con más miradas que palabras, más gestos que sonidos, que confirma, de forma definitiva, la sensibilidad tan especial de esta película. El regreso del marido y padre, y sus problemas con la gente equivocada, acaban por precipitar los acontecimientos y transformar lo que podía ser una historia de amor en un cuento de muerte implacable y sucia, sin concesiones, apoyado en un magnífico elenco de secundarios (Bryan Cranston, Albert Brooks, Christina Hendricks, Ron Perlman).

Acunada por una estupenda banda sonora, Drive puede ser tachada de pretenciosa, o de sintetizar demasiados elementos ajenos (el polar francés, Tarantino, Taxi Driver), pero resulta complicado escapar a su magnetismo y no rendirse a su propuesta. Cuando alguien, como Gosling y NWR aquí, demuestra que se puede ofrecer algo distinto, que al mismo tiempo bebe de fuentes tantas veces utilizadas, y lo hace con buen gusto, o la venda es tupida, o a uno no le queda más remedio que quitarse el sombrero y aplaudir.

Veredicto: 9

Lo mejor: Ryan Gosling

Lo peor: El menosprecio de los grandes premios.

The artist


28 Dec

Con The Artist sobran las palabras.

Nadie queda ya que pueda decir cómo era la experiencia del cine mudo allá por los años 20. Que nos explique a los contemporáneos la fascinación de los espectadores por películas con letreros y altas dosis de gesticulación que ahora se nos antojan imposibles. O la adoración de las primeras estrellas del celuloide que paseaban sus palidísimos rostros llenos de maquillaje por pantallas rentangulares a 16 fotográmas por segundo, mientras en la vida real se exhibían como verdaderos dioses por las calles de Hollywoodland y Palm Springs. Lo cierto es que la aparición del sonido acabó no sólo con una forma de ver el cine, sino también con todos sus protagonistas, como bien reflejó el maestro Wilder en la imprescindible El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard, 1950). Buster Keaton, Harold Lloyd, Gloria Swanson o Rodolfo Valentino son algunos de los nombres de esta edad de plata del cine que no sobrevivieron al nuevo modelo de industria que ha llegado hasta hoy, y al que sólo el gran Charlie Chaplin pudo saltar y salvar su legado.

The artist habla justamente de este cambio, pero homenajeando a los perdedores. Es una película muda, con ciertas licencias de sonido y una banda sonora espectacular, a semejanza de aquellas que se interpretaban en directo en los grandes teatros acompañando a las películas. El director Michel Hazanavicius demuestra un dominio apabullante de la planificación y el tempo de la película que hace innecesaria realmente la aparición de cualquier diálogo, y que, si hay justicia en este mundo, va a dejar a la altura de film casero a cualquier competidor sonoro para los Oscar.

Sobran las palabras, una vez más, para ver el amor que hay cada fotograma, en cada plano, en cada gesto y movimiento de los actores. Amor por el cine. Y amor por el amor. Porque nunca un argumento tan complejo, el de dos personas que se quieren a pesar de la distancia, de lo que les separa, de la incomunicación y del orgullo, fue tan sencillo de explicar en una gran pantalla y sin diálogos de por medio. Una amplia sonrisa, una mirada profunda, un mensaje en el espejo, un pequeño baile… así se hacía magia en la época muda y así es la magia en la vida real. Sólo cuando llegan las palabras, corremos el peligro de estropearlo todo.

Veredicto: 9,5

Lo mejor: no es una película muda, es una gran película.

Lo peor: que te obligue a reconsiderar lo que perdimos con la llegada del cine sonoro, sobre todo cuando miras la cartelera actual.

Estrenos 28 de diciembre


28 Dec

Pues sí, amiguitos, se nos acumulan los estrenos. Aún sin tiempo para digerir la escasa chicha de la última remasa (salvo El topo), lo festivo de estas fechas obliga a adelantar la renovación de la cartelera. De nuevo, hay alguna perla en medio de la morralla.

-Drive: Ryan Gosling, el mejor actor de su generación (31 años), encargó al danés Winding Refn la dirección de esta cinta lírica y rompedora que él mismo protagoniza con una economía de lenguaje y un carisma descomunales. La enésima historia de un solitario al que el amor repentino pone sus esquemas patas arriba, pero contada con una sensibilidad y un poderío visual pocas veces visto. Un must. (También por la BSO).

-El Havre: Los amantes del cine europeo disfrutarán con esta cinta de cine social del finlandés Aki Kaurismaki, director de cabecera de espectadores sensibles y alérgicos al mainstream USA.

-Un lugar para soñar: Toneladas de almíbar de la mano de Matt Damon y Scarlett Johansson, con la inestimable colaboración de Elle Fanning. Él compra un zoo ruinoso en la campiña inglesa mientras ella lidia con un cáncer cerebral. La lágrima está en todo momento a la vuelta de la esquina.

-El cambiazo: Comedia boba con Ryan Reynolds, el ex de la Johansson, que se esfuerza por mostrar una supuestas vis cómica (pobrecillo), y el estomagante Jason Bateman.

-Porfirio: Dramón de co-producción sudamericana.

-XP3D: Una memez vendida como spanish horror movie a menor gloria de Amaia Salamanca.

Estrenos 23 de diciembre


26 Dec

Lo primero, Feliz Navidad a todos.

Lo segundo, los estrenos. ¿Muchos? Sí. ¿De nivel? Ya nos gustaría. Tan solo una cinta se salva; dos, a lo sumo. El resto, morralla que se llevará el viento.

-El topo: El sueco Tomas Alfredson, que se hizo un nombre con la muy estimable Déjame entrar, le hinca el diente a John Le Carré con esta cinta de espionaje de aroma clásico y la potente interpretación de todo un Gary Oldman. Altísimo nivel en los secundarios: Colin Firth, Tom Hardy, Mark Strong y Benedict Cumberbatch (el prota de la serie Sherlock de la BBC).

-Immortals: Un cruce entre 300 y Furia de titanes cuyo reparto encabeza el próximo Superman, Henry Cavill, más conocido hasta ahora por su rol en la serie Los Tudor. Los clásicos se reescriben con mucho músculo y mucha batalla coreografiada.

-Noche de fin de año: Comedia romántica coral cuya temática ya avanza su título. Muchísimas caras conocidas (De Niro, Halle Berry, la Pfeiffer) en el reparto. Y Bon Jovi (?).

-Route Irish: Ken Loach lleva su cine de denuncia a Irak.

-No tengas miedo a la oscuridad: Thriller de terror con Guy Pearce y Katie Holmes, dos venidos a menos, al frente del tinglado.

-Rare exports: Co-producción europea en clave de comedia que lleva el subtítulo, muy clarificador, de “Un cuento gamberro de Navidad”. No, no hay por qué verla.

-El Rey León 3D: A seguir exprimiendo el limón.

-El hombre cerilla: Filme fantástico italiano.

-Copito de Nieve: Animación española. Uf.

-Pepe & Rubianes: Documental español sobre el cómico Pepe Rubianes.

Homeland


21 Dec

Si suena demasiado rotundo, que suene: Homeland es la mejor serie de todas las estrenadas el pasado otoño. De largo y de forma sostenida, sin bajones en la trama ni resbalones al echar el cierre. Esquiva la atonía de Rubicon y no deja el mal sabor de boca final de The killing; así es muy difícil ponerle pegas a este producto redondo, un thriller potente y adulto, inteligente, que cuida sus guiones sabedor de que es la mejor baza, el punto de partida para que cualquier actor solvente resulte creíble.

Una de las favoritas de Barack Obama (quien ya en su día ensalzó The Wire; tiene buen gusto), Homeland se basa en el serial israelí Hatufim, este sobre un soldado hebreo que vuelve a su país tras un largo período capturado, y lleva la idea a casa, a Estados Unidos, donde regresa un marine que se ha pasado los últimos 8 años capturado por Al Qaeda. Como en el original, no todo el mundo se derrite de alegría y orgullo patrio ante el retorno del soldado caído. Una brillante pero desquiciada analista de la CIA, Carrie Mathison, se empeña en hurgar en los secretos de Nicholas Brody, que bastante tiene, parece, con readaptarse a una vida normal después de pasar por palizas, vejaciones y largos períodos de confinamiento en un agujero. Mathison teme que Brody se haya pasado al enemigo, doblegado por la tortura.

A partir de esa doble vertiente, una zambulléndose en los entresijos de la Inteligencia y otra desarrollando los problemas hogareños de Brody, Homeland va tejiendo una red que atrapa desde el episodio piloto. Los guionistas saben dosificar a la perfección las vigilancias, interrogatorios y demás parafernalia de la Seguridad Nacional para no caer en lo abusivo, al tiempo que el Brody humano, no el militar, encuentra momentos para mostrarse en sus malos tragos con su mujer, especialmente, y sus hijos, así como algún amigo que aprovechó en exceso su ausencia.

Podríamos seguir ensalzando los guiones de Homeland hasta resultar cansinos, pero concedámosle el crédito que se merece al trabajo de los actores, especialmente a una Claire Danes superlativa. Intérprete no especialmente brillante en sus trabajos hasta ahora, en Homeland sencillamente lo borda como la inestable Carrie Mathison que, en los momentos de mayor tensión, resulta tan creíble que pone los pelos de punta y casi invita a mirar hacia otro lado. Está soberbia en su arquetipo de mujer obsesionada por su trabajo y marcada por una trágica experiencia. Aguanta el tipo Damian Lewis, que lidia con el más estoico teniente Brody, y completa el triángulo el circunspecto Mandy Patinkin como Saul Berenson, mentor de Carrie y viejo lobo de Langley.

Cerrando: Homeland es ficción con mayúsculas, sin hacer distinciones entre cine y televisión, y también una magnífica noticia por provenir de Showtime y mostrar que hay vida más allá de HBO. Homeland atrapa y mantiene en vilo y trata al espectador, como ya hemos subrayado más veces, como debe hacerlo: de forma inteligente, sin buscar atajos, sin eludir las partes más áridas de la trama y sin, por ello, hacerse pesada. Una serie para ver y volver a ver. Especialmente quienes se dedican a este negocio, para que sigan su ejemplo.

Attack the block


20 Dec

Los fans de Misfits evocarán de inmediato esta serie desde los primeros compases de Attack the block. Comparten como premisa el situar a un grupo de chavales descarriados en una situación que les supera, al menos de inicio, pero que acaban dominando a base de echarle rostro y sin temblarles el pulso a la hora de tomar medidas drásticas. Ambos son también productos venidos de UK, donde se atreven con ideas más transgresoras que en USA. Allí sería casi impensable que parieran esta traslación de Super 8 a un barrio del sur de Londres, cambiando a un puñado de críos cinéfilos e inocentes por otro de gamberros que fuman hierba y atacan a chicas.

Así, con un asalto a una joven enfermera, arranca esta cinta que al estilo de Vigalondo con su inminente Extraterrestre apuesta por un entorno reducido como forma de contar algo de proporciones enormes: una invasión alienígena. Aquí ese entorno es el barrio, y más específicamente, el bloque de viviendas donde viven los protagonistas. Las cosas empiezan a torcerse cuando la pandilla, sin demasiados miramientos, mata a uno de los bichos que están cayendo sin más del cielo. Otras criaturas, mucho más grandes y feroces, inician una vendetta que obliga a los chavales a recurrir a katanas, bates y cualquier objeto a modo de arma para salvar el pellejo.

Attack the block es cachonda y adrenalínica. Su director y guionista, Joe Cornish, demuestra un pulso impecable a la hora de rodar las escenas de persecución y enfrentamiento con los aliens, al tiempo que sabe encontrar la pausa para que los chavales den rienda suelta a sus bocazas (aquí la V. O. se vuelve indispensable). Cornish no es un cualquiera: su nombre figura en los créditos del guión de la primera entrega de Las aventuras de Tintín. Dará que hablar a buen seguro. Esta su cinta de debut arrancó aplausos y premios en el Festival de Sitges y es una estupenda tarjeta de presentación.

De paso, le hinca el diente de forma nada sesuda a lo que ocurre con los chavales que viven en la periferia de la gran ciudad solo unos meses después de los tristemente famosos disturbios del pasado verano en Londres. Sí, les vemos nada más comenzar la cinta robando a una chica sola e indefensa, pero ya entonces advertimos que el trago, para ellos, no es mucho más agradable. No es que Attack the block sea indulgente o quiera suavizar estos comportamientos, pero sí deja a modo de carga de profundidad una petición: que vayamos más allá a la hora de emitir juicios de valor. En medio del caos es fácil recurrir al análisis precipitado y superficial.

La chavalada está muy bien, en especial el líder del grupo, interpretado por el prometedor John Boyega, un Mike Tyson de pocas palabras y convicciones férreas, valiente y decidido. Los arropa Nick Frost, archi-conocido en las Islas, aquí en un papel más bien testimonial, que no opaca al resto. Attack the block proporciona hora y media de entretenimiento desenfadado con cierto mensaje. La dirección es impecable, y la factura, de alto nivel. Una de las sorpresas gratas del año.

Veredicto: 7,5

Lo mejor: su espíritu transgresor.

Lo peor: que aquí no se sepa o pueda rodar algo parecido.

Estrenos 16 de diciembre


18 Dec

Tras un breve parón, toca reactivar el blog. Durante los últimos diez días no se puede decir que hayan ocurrido demasiadas cosas, más allá del anuncio de las candidaturas a los Globos de Oro. Y es que la temporada de premios en USA avanza con su implacable rumbo. Alguna de las películas llamadas a decir algo (y mucho) en los premios gordos aterrizan precisamente ahora en nuestro país.

Vamos con los estrenos:

-The artist: Ahora mismo, una de las grandes favoritas de cara a los Oscar, en pugna con Hugo y War Horse, a las que da la sensación de que aventaja en, al menos, un cuerpo. Homenaje al cine mudo y relato de cómo sucumbió al sonoro, parece que este canto a la nostalgia sin apenas palabras ha cautivado a la crítica. Está por ver la respuesta del público a una cinta en blanco y negro y sin diálogos. Si se confirma su triunfo, dará continuidad a la línea que inició el año pasado El discurso del rey, que apuesta por mirar al pasado en detrimento de lo innovador y vanguardista. Opciones, todas, respetables.

-Misión Imposible IV: Tom Cruise vuelve al terreno seguro de la saga sobre el espía Ethan Hunt en una nueva entrega pilotada por Brad Bird, director de cintas de animación como Los increíbles. Complementan a Cruise gente solvente como Jeremy Renner, Simon Pegg y Paula Patton, vista en Precious.

-Perros de paja: Remake totalmente innecesario. Totalmente.

-Alvin y las ardillas 3: Hablando de películas que sobran…

-Maktub: El argentino Diego Peretti encabeza esta producción española con Aitana Sánchez-Gijón, Goya Toledo y… Jorge García, el Hugo de Perdidos (!).

-El futuro: Miranda July, con cierto nombre en el indie USA, dirige y actúa. Pocas más referencias sobre este filme.

Estrenos 7 de diciembre


07 Dec

Sí, amigos, hoy estamos de estrenos. Es lo que tiene esta semana rara, a caballo entre festivos, de macro-puente para algunos. Y ojo, que hay un par de cositas muy interesantes:

-Attack the block: Deliciosa gamberrada servida desde UK. Algo así como un híbrido entre Misfits, una de las series más transgresoras de los últimos años, y Super 8 y sus aliens nostálgicos recuperados para la causa, directamente de los 80s. Un grupo de chavales, carne de delincuencia, que recuerdan de inmediato a los disturbios del verano londinense, se las ven en su barrio, en una de las zonas más chungas de la capital británica, con unos extraterrestres que no saben lo que les espera. En Sitges causó sensación. Id a verla.

-Arthur Christmas: A priori, parece la enésima cinta a rebufo de unas fechas que todavía están por llegar, pero que ya se encargan de restregarnos por activa y pasiva. Pero no. Detrás del proyecto están los señores de la compañía Aardman, los padres de Wallace y Gromit, entre otras maravillas. Garantía de calidad.

-La fuente de las mujeres: Multi-producción europea con target femenino. Una opción para las que quieran huir del fútbol. (Sí, el sábado es el famoso Clásico).

El puente sobre el río Kwai


06 Dec

Ya no se hacen películas como antes. Es cierto. No es un arrebato nostálgico, sino la constatación de una realidad. Hoy, 2011, siglo XXI, es difícil concebir un filme como El puente sobre el río Kwai (The bridge on the river Kwai, 1957), con sus dos horas y media de duración, un reparto casi exclusivamente masculino, sin historia de amor (salvo un leve postizo) y rodada durante seis meses en una localización casi exacta a la historia en que se inspira (Sri Lanka por Birmania), con los personajes reflexionando sobre sus motivaciones en la vida en detrimento de un mayor porcentaje de escenas de acción.

El puente sobre el río Kwai nos retrotrae a la Segunda Guerra Mundial, en la que se ubica la acción, a través de un hecho muy concreto, puntual, que sirve de paradigma de la contienda. Un grupo de soldados británicos, capturados por el ejército japonés, se ven obligados a construir un puente sobre un río, por el que discurrirá un tramo de la línea de ferrocarril con la que los nipones quieren comunicar todo el este de Asia. Quien manda en el campo de prisioneros es el poco razonable coronel Saito, al que se la trae el pairo cualquier ley internacional y exige que todos, del primero al último, oficiales incluidos, se pongan a trabajar para tener su puente listo a tiempo. Lo que no sabe el irascible Saito es que ha dado con un tipo tan testarudo como él, sino más, su homólogo Nichols, que resiste como un titán un encierro inhumano hasta que Saito da su brazo a torcer y libera a los oficiales del trabajo manual. Nichols, reforzada su posición, se implica en la construcción del puente hasta el punto de convertirla en una causa personal, en un motivo de orgullo. En paralelo, un grupo de comandos, que incluye al evadido americano Shears, prepara la demolición del puente.

La película, basada en hechos reales, aunque se permite numerosas licencias, barrió en los Oscar con siete estatuillas, incluidas las de mejor película y mejor director y actor para David Lean y sir Alec Guinness, respectivamente. Lean, por entonces necesitado del dinero, aceptó un proyecto que ya había recibido varias negativas a pesar de la capacidad de persuasión del productor Sam Spiegel: eran muchos meses de rodaje en medio de un calor y una humedad brutales, y ciertamente con las comodidades brillando por su ausencia. Guinness tampoco fue precisamente la primera opción, y no resultó fácil convencerle. El personaje de Nichols, hombre de férreas convicciones, de esos que idealizan el honor y el cumplimiento del deber hasta rallar en el suicidio, resultaba un hueso duro de roer, con esa ceguera que le lleva a hacer suyo un proyecto de los japoneses. Para muchos actores británicos, la novela del francés Pierre Boulle, en la que se basaba el libreto, era un ataque a su país. Por suerte, Guinnes dijo sí y brindó una de sus mejores actuaciones bajo la guía de Lean, en una relación que no fue nada sencilla.

Lo más impactante de El puente sobre el río Kwai para el espectador actual es encontrar mensajes tan anti-belicistas y poco complacientes con la parafernalia militar puestos en la boca de determinados personajes, especialmente el americano Shears, pero también el doctor Clipton. Ambos intentan, sin conseguirlo, abrir los ojos de Nichols para que se despoje de esa venda que le impide ver que, en medio de la selva, a nadie le importa un bledo su respeto inflexible por los códigos más rancios del deber castrense. Shears se llega a marcar un discurso en el que reivindica el vivir como seres humanos antes que inmolarse para la posteridad. Nada que ver, sin embargo, con el famoso monólogo de Nichols sobre el puente que ha hecho suyo para disgusto de Saito.

Ese puente acaba convertido en símbolo de obsesiones y epicentro de un enfrentamiento final que novela y película conciben como espejo de la locura irracional de la guerra. En último término, ya no se trata de defender tal o cual bandera, sino de vivir por vivir o vivir por unos ideales. Ideales que son corazas y también vendas, que definen dramas individuales en medio de una tragedia mucho mayor. A menudo, cuando esos ciegos Quijotes detectan su error, ya es demasiado tarde.

Celuloides en su jugo

Recetas sencillas para degustar buen cine, sabroso y bajo en calorías.