
Simplemente, este año, le ha tocado a Los descendientes. Dudo que le vayan a dar el Oscar a la Mejor Película, pero si por mi fuera ya le habrían entregado hace tiempo el de Más Sobrevalorada. De rebote, el señor George Clooney agarra una candidatura poco menos que impepinable a Mejor Actor y no son pocos los que le cuelgan el cartel de favorito… ¡por un papel de lo más normal! Efecto arrastre, diría yo. Si le das la vuelta a Los descendientes aparece Drive. Son las caras opuestas en el favor de los académicos. Donde la primera ha encontrado loas infladas, la segunda ha recibido sopapos de indiferencia.
Y ojo, no digo que Los descendientes sea una mala película. Pero, por no ser, no es ni siquiera la mejor de Alexander Payne. Dadme un Entre copas, con ese tándem estupendo que forman Paul Giamatti y Thomas Haden Church, y quedaos vuestra Los descendientes. Tal vez si el metraje no me hubiera resultado excesivo. Tal vez si las expectativas no fueran tan altas. Tal vez si hubiera conseguido empatizar más con este hombre al que la inminente muerte de su mujer y la venta no menos inminente de un pedazo (físico) de su herencia familiar sitúan en una devastadora encrucijada humana y moral… Demasiados tal vez para no sentir cierta indiferencia.
Sí, agradezco encontrar una historia adulta de esas que, parece mentira, hay pocos, Payne entre ellos, que se atreven a servir en esta era de guiones infantiles e idiotas, diseñados en los laboratorios de Hollywood para no espantar a las hordas de adolescentes con cráneos rellenos de serrín. Pero no me vendan Los descendientes como una de las mejores películas del año cuando no pasa de ser correcta. Y, sobre todo, no me asusten con el augurio de que George Clooney puede embolsarse su segundo Oscar y codearse con tíos como Robert De Niro por un papel en el que se limita a estar bien, acorde con el personaje, en la piel de un tío normal, sin repartir sonrisas Profident a diestro y siniestro y sin ser tan Clooney, que imagino debe de cansar incluso al propio señor Clooney. No me digan que se va a llevar el premio gordo cuando en los últimos meses hemos asistido a las lecciones de gente como Dujardin, Gosling o Fassbender.
No quiero ser injusto y no reconocer las bondades de esta cinta, que las tiene. Insisto, Clooney está bien, Shaileene Woodley, que interpreta a su hija mayor, está realmente bien, en la historia hay momentos tiernos, hay personajes muy bien trazados, creíbles a pesar de sus peculiaridades, y es tremendamente original situar en un lugar idílico como Hawai una historia eminentemente triste. Pero al final de la película mi temperatura corporal era más bien fría, y sin animo de soltar spoilers, esa doble redención final del protagonista me produce más rechazo que simpatía.
Sin más, no dejo de preguntarme dónde estaría Los descendientes a efectos de repercusión si no fuera por Clooney. Ante el cual, ojo, me descubro el sombrero, porque ha conseguido que ganen todos: él y la película; y eso, pocos pueden hacerlo.
Veredicto: 7
Lo mejor: Que haya gente como Payne, contadores de historias adultas.
Lo peor: Que le den el Oscar a Clooney por esto.







