
No cabe duda: el mayor mérito de esta película consiste en haber conseguido que Jonah Hill, producto Apatow, se olvide por una vez de hacer el indio y se marque una interpretación sobria, merecedora de una candidatura al Oscar. Pero agarrar por esa arista una cinta como Moneyball es excesivo incluso para un blog que no se juega nada, como este.
De lo que toca hablar es de que Brad Pitt está muy bien como el manager de un equipo de béisbol, un tipo que existe en la vida real y que cogió a un grupo modesto, los Oakland Ahtletics, para llevarlos a lo más alto tras un inicio nefasto. Un personaje-caramelo que jamás ve un partido de su equipo, que negocia como un león y que es capaz de dar con la puerta en los narices a una pléyade de ojeadores oxidados para revelarles el nuevo Dios: la estadística. De la mano de un joven cerebrito (Hill), acaba armando una escuadra ganadora con unos mimbres, a priori, cualquier cosa menos prometedores.
Con guión de dos valores segurísimos, Sorkin y Zaillian, dos pesos pesados que jamás paren un mal relato, Moneyball despacha una historia ambientada en el mundo del deporte pero que podría haber encontrado refugio en cualquier otro ámbito. Cierto que el deporte, aunque nos resulte tan ajeno aquí esa cosa llamada béisbol, siempre aporta esas gotas de épica y emoción que tan bien le sienta a películas de este corte. Pero el personaje de Pitt podía haber sido cualquier otra cosa. Al final, de lo que se trata es de contar cómo se hace eso de desafiar al establishment y superar las limitaciones a base de ingenio. Cómo dos tipos singulares son capaces de competir con primeras potencias a base de retales y desechos.
Moneyball cuenta con las bazas suficientes para gustar y hacer comprensible que la Academia la haya considerado en un total de 6 categorías para los Oscar. Debería ser suficiente, en otro contexto, para que Brad Pitt se llevara el gato al agua en forma de estatuilla. Pero anda por ahí un tal Jean Dujardin que se come la pantalla (en blanco y negro) en The Artist. Más sangrante sería que su buen amigo George Clooney volviera a adelantarle por la derecha, como ya hizo en los Globos de Oro, gracias a un papel de lo más normal.
Veredicto: 8
Lo mejor: Esas escenas de Brad Pitt negociando como un tiburón de Wall Street.
Lo peor: Que haya quien dice que la jerga beisbolera dificulta la comprensión.










