
Una marcianadita melancólica que se ve con agrado. Son ocho palabras, como cualesquiera otras, para resumir rápida y superficialmente Submarine, una cinta pequeña, galesa, que hizo cierto ruido en los premios del indie británico. Se llevó el galardón a mejor guión y consiguió candidaturas para su joven director y su aún más joven reparto.
Todo es bisoño en Submarine. Sí, estamos ante una de esas películas sobre adolescentes. Toda una bomba de relojería. Empleando una narrativa inadecuada pueden convertirse en armas de destrucción masiva que arrojan por doquier sus esquirlas de topicazos sobre la puñetera edad del pavo y sus complicaciones. En buenas manos, sin embargo, sus posibilidades son inmensas; especialmente si la aproximación se hace no desde una posición tradicional y con arquetipos tradicionales, sino manejando personajes raritos en lo que es toda una carga de profundidad: ¿acaso no somos todos, de una u otra manera, raros?
En honor a la verdad, hay que reconocer que el protagonista de Submarine se aleja con creces de la media. Se llama Oliver Tate, tiene nombre de protagonista de novela de antaño y parece empeñado en no llevar una existencia anodina. Seguramente porque en su casa se respira un ambiente de todo menos normal, con dos progenitores marcianos, especialmente el padre, cuyos modos callados y suaves, su afán por pasar desapercibido, su incapacidad para manejar su matrimonio, dan precisamente título a la cinta: una forma de vida siempre bajo la superficie, sin asomar la cabeza por temor a ser golpeado por la mismísima realidad. Oliver lidia sus batallas en forma de chica que le gusta y a la que quiere gustar, con la que después busca intimar y que más tarde trata de retener a su lado. Mientras, el matrimonio de sus padres se desintegra con la espoleta de un vecino estrafalario y no del todo desconocido en el pasado de su madre.
El encanto de Submarine, no obstante, no reside tanto en su trama como en su óptica, en el acierto, heredado de la novela de Joe Dunthorne, de relatar los hechos desde el personalísimo punto de vista de Oliver, con sus miedos y traumas adolescentes. Después, Submarine está llena de pequeños detalles, como el eccema de la chica que le gusta, y otras minucias. Todos están muy bien. Desde el prometedor director, Richard Ayoade, debutante, y los actores, muy bien los chavales, Craig Roberts y Yasmin Paige, y no menos los padres, Noah Taylor y Sally Hawkins.
Una película pequeña, diferente y especial. De las que conviene ver de tanto en tanto, para recordar que el cine también son estos proyectos más íntimos, sin artificios ni artefactos.











