Recomendaciones cinéfagas para un friki de FNAC

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En estos momentos, nuestro amigo Miguel Ángel Rubio, alias @Anomalario, alias @Anómalo, alias Gafapastas, alias el Friki de la FNAC, lleva al ecuador de su encierro dorado en la FNAC de Callao. Tiene que gastar 5000 euros allí en 10 días. Y Celuloides en su jugo quiere ayudarle a elegir bien en la sección de cine. Porque somos así de majos.

Pues sí, Miguel Ángel lleva 5 días encerrado en la FNAC de Callao y sus experiencias podéis seguirlas en directo en streaming en yovivoenfnac.es y en el twitter @yovivoenfnac, además de ver un resumen de sus peripecias en su canal de YouTube. Telecinco y El País ya se han echo eco de sus peripecias, entre las que está gastar 5000 euros en productos. Aquí van nuestras recomendaciones cinéfagas con las que, seguro, nunca se arrepentirá. Va por ti, friki :)

Brick: ¿Y si Humphrey Bogart fuera al instituto? ¿Y si las aventuras de Sam Spade y otros detectives duros y cínicos del cine en blanco y negro fueran carne de high school y lidiaran con el acné y otras torturas hormonales? Brick es la respuesta.

Persiguiendo a Amy: una propuesta arriesgada, la historia de un amor en apariencia imposible, trufado de prejuicios y barreras, que nunca cae en lo ñoño y trata al espectador como a un adulto. Y además, Kevin Smith.

La noche del cazador: podría ser un cuento de los hermanos Grimm, o una parábola del Nuevo Testamento. Pero no, fue la única película que dirigió Charles Laughton, una obra maestra con un Robert Mitchum aterrador.

Perros de paja: El cine de Sam Peckinpah es violencia. Violencia que, como se demuestra en el caso de Perros de paja, no requiere de sujetos violentos. El hombre pacífico, cierto que un tanto peculiar, al que le estalla en la cara la violencia y no tiene más remedio que hacer bueno el dicho: violencia engendra violencia. Sólo Dustin Hoffman podía interpretarlo.

El guateque: folletín de amoríos sesentero es un despliegue sin igual del maravilloso talento de Sellers para la comedia absurda y descacharrante. Blake Edwards en estado puro.

Aquel maldito tren blindado: la película de serie B que inspiró a Tarantino para sus Malditos Bastardos es una obra inperenne de humor bizarro, nazis y blackexplosion descacharrante. Imprescindible.

Batman, the movie: Antes de que Michael Keaton dignificara al caballero oscuro, Val Kilmer se aprovechara de él, George Clooney se equivocara de traje y Christian Bale nos recordara sus origenes, existió otro hombre que interpretó al cruzado de la capa. Adam West es, para muchos, el mejor Batman de la historia del cine.

En la cuerda floja: Con todos sus defectos, una película interesante en la filmografía del Clint pre-Oscar que contentará tanto a los fans más acérrimos como a los que busquen algo más que un “alégrame el día”.

Y dos series…

Boardwalk Empire: no es Los Soprano, no es The Wire, pero todos (críticos, público) alaban esta producción que nos traslada a la Atlantic City de 1920, una manzana podrida junto al mar que se erige en una suerte de Sodoma y Gomorra en los tiempos de la Prohibición. Y el piloto es de Scorsese.

The good wife: “Otra de abogados”, podrán criticar, con rechinar de dientes, los más recalcitrantes. Aunque esto fuera cierto, ¿importaría algo? Pero el caso es que The good wife no es solo “otra de abogados”. Sobre todo, porque contiene una sub-trama política muy bien dosificada, y por su protagonista, Julianna Margulies.

Bueno, nosotros ya hemos hecho nuestro trabajo. Ahora depende de ti aprovecharlo. Y si te estás preguntando dónde están todas estas películas, te aconsejamos… ¡qué preguntes a un duende de FNAC! :)

Mentiras de cine

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Curiosa la encuesta que publica la web lovefilm.com y de la que se ha hecho eco el diario The Guardian: las películas que provocan más mentiras acerca de su visionado. Cuestión nada menor: 4 de cada 5 encuestados admitieron haber colado alguna vez una trola para impresionar a alguien.

El primer puesto es para El Padrino; hasta un 30 por ciento de los encuestados reconocieron que iban por la vida afirmando haber disfrutado con la película sobre la Mafia más famosa de todos los tiempos, ¡sin ser cierto! En segundo lugar, Casablanca, con un 13 por ciento, seguida muy de cerca por Taxi Driver (11%). Cuarta, 2001. Una odísea en el espacio. Y quinta, mucho más reciente y bastante sorprendente, Reservoir dogs.

Salvando el debut de Quentin Tarantino, la lista tiene algo en común: películas con al menos 30 años de antigüedad y ampliamente reconocidas. Películas que resulta vergonzoso o, cuanto menos, poco cool admitir que se han visto. [¿El Padrino? Mi favorita. Sí, "una oferta que no podrás rechazar". Muy buena]. Lo chocante y revelador de la encuesta es ese dato del 80 por ciento de mentirosos. Y que un tercio falsee la realidad con la primera entrega de la saga Corleone.

Almodóvar y Pe se verán en Cannes

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Pedro Almodóvar se paseará y paseará su última película, La piel que habito, por Cannes y parece que se detiene el mundo. Se subraya, además, que coincidirá en La Croisette con su amiga Penélope Cruz, que viajará para promocionar la poco festivalera Piratas del Caribe IV. Uno irá con los nervios propios de competir en la sección oficial y perseguir su primera Palma de Oro como director; la otra acudirá con la única exigencia de elegir los modelos adecuados para posar en la alfombra roja.

Al gran público seguramente le deja bastante frío que Almodóvar vuelva a Cannes. Al gran público no le sonarán la mayoría de sus rivales. ¿Quiénes son Naomi Kawase, Nicolas Winding Refn o Nuri Bilge Ceylan? Conocidos, lo que se dice conocidos, Lars Von Trier y Nani Moretti. Los que estén un poco más puestos sabrán quiénes son los hermanos Dardenne (institución en Cannes), Aki Kaurismaki y Terrence Malick.

Junto a Piratas IV se proyectarán fuera de concurso, entre otras, Kung Fu Panda 2 (?!), Beaver de Jodie Foster y la nueva de… sí, el amigo Woody Allen, esa Midnight in Paris con la que no sabemos si remontará el vuelo el veterano director neoyorquino.

Que Almodóvar y Allen pasen por Cannes le dará lustre al festival y proyección a ambos. Y poco más. La edad de oro de los festivales es historia. En cuanto a los escépticos, ¿qué puedo deciros? Si no nos altera el pulso quién gane en los Oscar, ¿qué efecto pensáis que tiene el palmarés de Cannes?

Exacto.

¿24: la película? ¡No, gracias!

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Kiefer Sutherland promete adaptación a la gran pantalla de 24, la adrenalínica serie que le ha permitido alejarse de la alargada sombra de su padre y ganarse un lugar de mérito por derecho propio. Asegura Kiefer Sutherland que 2012 será el año y que solo falta encontrar director. Habla Kiefer Sutherland y se supone que los fans tenemos que sentirnos regocijados. Pues no, señor Sutherland. No. En absoluto.

Desconozco los que puedan esgrimir los demás, pero estos son mis argumentos:

-Dejemos tranquilo a Jack Bauer: Ocho temporadas después, con muchos, demasiados sinsabores y palos por servir a su país, a la UAT y a sucesivos presidentes, el pobre hombre merece un descanso. Sí, el final era muy abierto. Pero era el final.

-El hándicap del formato: 24 innovaba y gustaba porque articulaba, casi en tiempo real, 24 horas, un día en la vida de Jack Bauer, mediante otros tantos episodios. ¿Qué harán en la película? ¿Cargarse el tiempo real, el famoso contador? ¿Reducir la acción a la hora y media, dos horas de metraje? ¿Comprimir un día en una duración lógica para un filme?

-Un pésimo precedente: Entre las temporadas 6 y 7 nos colaron una tv movie con Bauer auto-exiliado en África que daba auténtica grima. Por mi parte, he optado por una solución drástica: fingir que ha sido un mal sueño; que tal truño no existe.

-La tele no es el cine: De infames y vergonzantes traslaciones de series a la gran pantalla está llena la Historia. ¿Queréis ejemplos? ¿Os sirven las dos adaptaciones fílmicas de Expediente X, una de ellas entre las temporadas 5 y 6; y otra, aún peor, con la serie ya terminada? ¿Qué me decís de Sexo en Nueva York, Scooby Doo, Alvin y las ardillas, Inspector Gadget, Los ángeles de Charlie? Auténticas bazofias. Como mucho, se salvan El fugitivo y la primera de Misión imposible.

-Mal sabor de boca: La serie tuvo sus picos y sus valles. Lógico, teniendo en cuenta lo peculiar del formato y lo complejo que es mantener el interés durante ocho entregas. La última temporada resultó lo suficientemente digna como para dejar un regusto agradable. Una película, si no cumple las expectativas, se arriesga a dejar un mal sabor de boca.

Adiós, ojos violetas

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Si Paul Newman fue el dueño de los ojos azules más famosos de la gran pantalla, qué decir de los violetas de Elizabeth Taylor. Ambos nos regalaron el duelo de miradas más fascinante del celuloide en La gata sobre el tejado de zinc. Hoy, esta actriz morena, de belleza perturbadora y corazón volcánico nos ha dejado a los 79 años. Llevaba dos meses ingresada en un hospital.

La Taylor está considerada una de las más grandes. Quizás la última del star system. Celebridad en todas las acepciones del término, fue tan conocida por sus potentes interpretaciones como por su agitada vida sentimental.

Optó al Oscar en cinco ocasiones, una de ellas por La gata sobre el tejado de zinc. No tuvo suerte entonces, pero sí en el 61 y el 63 por Una mujer marcada y ¿Quién teme a Virginia Woolf? Gigante, El árbol de la vida, De repente, el último verano y Cleopatra fueron otras de sus cintas míticas.

Cuando no rodaba, se casaba y se divorciaba. Contrajo matrimonio en ocho ocasiones, aunque con siete hombres, porque con Richard Burton cometió el error o la frivolidad de repetir. Solo en una ocasión el casamiento se truncó por una razón ajena totalmente a su voluntad: cuando Michael Todd, que viajaba a bordo de una avioneta, se mató. La Taylor, inmersa en el rodaje de La gata sobre el tejado de zinc, acabó completando su trabajo.

Alejada del estrellato a partir de los 70, Elizabeth Taylor siguió trabajando en cintas menores o series de televisión, dando todavía que hablar; para bien (apoyando la lucha contra el Sida, en memoria de su amigo Rock Hudson) o para mal (casándose con casi 60 años con un hombre al que aventajaba en dos décadas). Amiga declarada de Michael Jackson, superó una operación para retirarle un tumor cerebral en los 90. El último revés en su salud ha apagado para siempre sus famosos ojos violetas.

Torrente: apuesta Segura

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Llamadme demagogo. Echadme a los leones. Pero no me digáis que no tiene miga que semanas después del triunfo de Pa negre en los Goya, llegue Torrente IV y barra en taquilla. Las cifras son provisionales pero ya se dan por buenas: con más de 8 kilos, es el mejor estreno del cine español en su historia (3D mediante).

La Academia, el aparato, el tinglado, van por un lado. El público, la plebe, los ciudadanos, por otro. Los que inflaron a premios a una cinta pequeña, que habían visto cuatro gatos, contemplan ahora cómo el filme más populista y accesible que quepa imaginar arrastra riadas de gente a las salas de cine. La reacción de estos señores será: a) Sentirse reforzados, porque Pa negre es un filme para minorías y Torrente IV, un producto diseñado para la masa. b) Encantados de la vida, porque el pastón que amasará Santiago Segura servirá para engordar unas cifras hasta ahora famélicas. “Con Segura, Almodóvar y Amenábar, 2011 será mucho mejor que 2010″, se frotaban las manos.

Queda claro, pues, que en este país se cuentan con los dedos de las manos los realizadores capaces de reventar la taquilla. El resto chupan de la teta y se marcan películas que pasan sin pena ni gloria. Ay, la competencia del cine americano, claman. Ay, los perjuicios que nos asfixian, lamentan. Santiago Segura decía estar como un flan en las horas previas pero ya debía de olerse, visto el éxito de la hasta hace poco trilogía, que muy mal no le iba a ir. Claro que había que costear, entre otros dispendios, el caro sistema para rodar en 3-D.

Arrasa Torrente IV y uno constata que no, que las aventuras del detective más casposo no han perdido el favor del público. Y no es que Segura haya afilado el sutil retrato de una sociedad podrida que constituye lo mejor de la primera entrega. Más bien, la táctica ha sido la de insuflar aire nuevo al habitual desfile de rostros conocidos, a cual más cutre: desde Kiko Rivera a Belén Esteban, pasando por María Lapiedra. Suficiente para una audiencia que, en la pequeña pantalla, encumbra a estos mismos sujetos.

Mientras los Torrentes sigan engordando la taquilla, la Academia podrá sentirse tranquila para seguir premiando a sus colegas más alternativos.

No diga Hollywood, diga remake

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Una buena mañana de marzo te desayunas con la repugnante noticia de que se planea una secuela o precuela de Blade Runner. No das crédito mientras lees que la compañía Alcon Entertainment, algo así como una filial de Warner Bros, maneja la espeluznante idea de pervertir la mítica cinta de ciencia-ficción a base de nuevas y bastardas películas, una serie de televisión y lo que haga falta. Lo único que tienen prohibido es un remake del filme de Ridley Scott. ¡Vaya, muchas gracias!

Mientras, consternado, aún tratas de digerir la enésima constatación de que Hollywood, en su sequía de ideas, está firmemente decidido a no respetar nada, no puedes evitar la tentación de visitar Google e introducir las terribles palabras: “remake”, “precuela” y “secuela”. Así, a bote pronto, descubres que:

-Rhianna y Beyonce quieren el papel que dio fama a Withney Houston en El guardaespaldas.

-James Franco ya rueda una secuela de El planeta de los simios (que ya tuneó Tim Burton en una castaña ejemplar).

-Se suman nombres a la precuela de Alien que perpetrará el propio Ridley Scott (quizás sea de justicia poética que pisoteen su Blade Runner).

-En enero de 2012 arranca el rodaje de las secuelas de Mad Max.

-Hollywood prepara remake de La comunidad, de Álex de la Iglesia.

Insisto, son solo un puñado de ejemplos fruto de un mínimo rastreo. Pero uno prefiere no seguir escarbando. Disipada la indignación, lo que queda es un poso de tristeza. Porque triste es que, ante la falta de ideas nuevas, la Meca del Cine nos bombardee con más de lo mismo. Cuando no se readapta algo que ya existe (y cada vez se espera menos; ejemplo: la saga Millennium), se opta por el antes (la infancia o juventud de tal personaje) o el después (qué fue de…). Y si todo esto no es suficiente, ahí está la puñetera moda de las sagas y el afán por estirar ad aeternum historias que ya están agotadas desde la primera entrega.

Pues eso. Cualquier día nos arrojarán a la cara un remake de Apocalypse Now, con Zach Efron en el papel de Martin Sheen y ambientada en Irak; o una precuela de Casablanca, con Shia LaBeouf interpretando a un joven Rick dando sus primeros pasos en Estados Unidos; o una secuela de El apartamento, porque quién puede estar conforme con ese final que no es ni un final, sin beso ni nada (por favor, adviértase la profunda ironía). Qué pena.

Oscars al servicio de Su Majestad

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A bombo y platillo hemos celebrado en España las pocas ocasiones en que los premios por antonomasia del cine, los Oscar, se han fijado en nuestro país. Poco menos que de milagros se calificaron los triunfos de gente como Garci y Trueba en la categoría de película extranjera, y no hablemos ya de las barreras que se han roto más recientemente: Almodóvar y su guión de Hable con ella y Javier Bardem y Penélope Cruz como secundarios.

En Inglaterra, en cambio, están un poquito más acostumbrados. Por eso no es de extrañar que la gente no se haya echado a la calle para conmemorar el éxito de El discurso del rey el pasado domingo. Desde aquellas maravillosas primeras películas de Hitchcock rodadas en suelo patrio (39 escalones) hasta hoy, el Reino Unido ha dado estupendas películas que (y de eso va este post) han logrado además reconocimiento en forma de premios al otro lado del charco.

Echemos un rápido e incompleto vistazo, mediante una lista que solo incluye ganadoras en el apartado de mejor película:

1948: Hamlet – 4 Oscar.

1957: El puente sobre el río Kwai – 7 Oscar.

1963: Lawrence de Arabia – 7 Oscar.

1964: Tom Jones – 4 Oscar.

1967: A man for all seasons -6 Oscar.

1969: Oliver! – 6 Oscar.

[Abrumador bagaje en los años 60]

1982: Carros de fuego – 4 Oscar.

1983: Gandhi – 8 Oscar.

2009: Slumdog Millionaire – 8 Oscar.

La lista podría ser más larga si incluimos cintas mestizas (anglo-estadounidenses) como Doctor Zhivago, El paciente inglés y Shakespeare in love, también multipremiadas; y no digamos ya si ampliamos al abanico a las que lograron estatuilla pero no en la categoría reina, como Una habitación con vistas o Sentido y sensibilidad, por citar solo algunas.

Un par de conclusiones. La primera, que los ingleses pueden presumir de cine. Sin duda. La segunda, que da cierta grima que El discurso del rey, película amable y muy bien interpretada, pero no brillante, se haya llevado 4 Oscar, todos ellos de los gordos (película, director, guión, actor), mientras otras cintas británicas se han conformado con mucho menos. Por ejemplo, Tierras de penumbra o el caso más sangrante de Lo que queda del día, filme delicioso que era candidato a 8 estatuillas y se fue… sin ninguna.

Sirva esto como nuevo elemento para poner en su sitio la decisión de Hollywood de encumbrar a El discurso del rey.

Oscar 2011: el monólogo del rey

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Los Oscar más predecibles de los últimos años han premiado a la película menos arriesgada. El discurso del rey fue monólogo en los galardones más importantes, los realmente codiciados: película, director y guión original, con la guinda del mejor actor para Colin Firth. Premio cantado como lo eran todos en el apartado de interpretación: Natalie Portman, Christian Bale y Melissa Leo hicieron buenas las quinielas.

Filme con aroma clásico, que podría haberse estrenado, sin exagerar, en los años 50 o 60, El discurso del rey ha gustado a los académicos por su mensaje positivo, de superación personal, de amistad más allá del abismo que marca la diferencia de clases. Una cinta con un guión de manual (el tartamudeo del monarca, su encuentro con el logopeda, la negativa a aceptar la ayuda, la aceptación del problema y, finalmente, el triunfo frente a la tara) en la que brillan, por encima de todo, y a gran distancia, las poderosas actuaciones de sus dos protagonistas. Injustísimo que Firth haya ganado y Geoffrey Rush apenas haya tenido opciones, cuando el segundo está soberbio e, incluso, por encima del primero.

La red social, más fresca, que habla de un fenómeno actual, Facebook, se conforma con premios menores como Origen, a la que han dejado en un segundo o tercer plano desde el principio por su aire onírico y su carácter fantástico. Tocaba en este 2011 el cine basado en historias reales y sobraban los experimentos con gaseosa freudiana. David Fincher y Christopher Nolan, directores jóvenes que han dejado su sello en cintas más arriesgadas, han visto cómo Tom Hooper se llevaba la estatuilla por un trabajo mucho menos personal. Mejor no compararla con Darren Aronofsky y su Cisne negro, que juegan en otra liga.

Unos Oscar conservadores, sin sorpresas, con tres galardones para Toy Story 3 (animación y los dos galardones musicales), con Valor de ley yéndose de vacío, envueltos en una gala sosa que no ha conmovido a nadie. Lo esperado con James Franco y Anne Hathaway a los mandos. Ricky Gervais, que puso patas arriba los Globos de Oro, habría puesto un poco de pimienta al asunto. Pero, después de todo, ¿para qué? ¿Qué objeto habría tenido poner emoción a la gala si todos sabían de antemano quién iba a ganar?

A propósito, permitidnos una palmadita en nuestra propia espalda. Si obviamos los documentales y los cortometrajes, donde apostamos a ciegas, hemos salido bastante bien parados con nuestra quiniela. Acertamos lo importante y fallamos en categorías secundarias. Una prueba más de lo previsible que ha sido todo.

*Mención especial: Jennifer Lawrence. Borda su papel en Winter’s bone y estaba radiante en la alfombra roja, aunque su vestido pecara de simple. Menudo hallazgo. Uno de esos rostros nuevos que tanta falta hacen en Hollywood. Y, por encima, actúa bien.

El cine en España agoniza

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2010: menudo añito para el cine en España. La Federación de Cines, la FECE, ha confirmado lo que ya imaginábamos: el séptimo arte cotiza a la baja en nuestro país. El número de entradas despachadas se desplomó un 10 por ciento, dato mucho más preocupante que ese otro al que se está dando más relevancia: el de la taquilla, que se deja un 4 por ciento.

La discrepancia se resume en dos letras: 3D. La dimensión extra supone prácticamente doblar los precios de las entradas, que pasan del entorno de los 7 a los 12 euros. De ahí, entre otras razones, la fabulosa taquilla de Avatar, que fue, por descontado, la película más vista en 2010, por encima de los 52 kilos. ¿La española más vista? A tres metros sobre el cielo, o A3MSC, con 8 millones y medio, aupada por tirón del ídolo de adolescentes Mario Casas.

Cifras al margen, los españoles han dejado de ir al cine. Es un hecho. Nos ocurre lo mismo que a los alemanes. Franceses e italianos, en cambio, mejoran las cifras de 2009. ¿Cuáles son las causas? El sector cita dos: la pérdida de fuerza del celuloide patrio y, claro, la piratería. Sobre lo primero, explican que el año pasado faltaron locomotoras como Celda 211 y Ágora, capaces de amasar millones a un ritmo poco acostumbrado en nuestro país. Sobre lo segundo, para remediarlo ha llegado la Ley Sinde…. ¿No? ¿No?

Desde aquí, sin ánimo de aburrir, y más bien guiados por el sentido común, se nos ocurre citar las siguientes razones:

-Pérdida de calidad: llevamos años viendo cómo las productoras tienden a primar los efectos especiales en detrimento del guión; películas más espectaculares… pero más huecas.

-El cine español no conecta: salvo contadas excepciones (Almodóvar, Amenábar, Segura y alguna sorpresa), las cintas que se producen en nuestro país presentan cifras muy modestas; su temática no atrae; falta sintonía con los gustos del público.

-Precios abusivos: el cine se ha convertido en un artículo casi de lujo; más de 7 euros el 2D, unos 12 si es en 3D.

-Cultura del “no pago por ver cine”: la Ley Sinde no resuelve el problema, pero es un hecho que la piratería está muy arraigada; no son pocos los que se han acostumbrado a ver películas “por la cara”; ahora mismo es posible acceder a copias con una calidad excelente a pocos días de haberse estrenado.

-Nuevos tiempos: la magia de la sala a oscuras, la pantalla grande, las butacas, no calan de la misma forma en las nuevas generaciones, criadas a golpe de PlayStation y iPhone.

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