Blindado

by Pablo

¿Qué ocurre cuando juntas a un puñado de actores en decadencia y los colocas a las órdenes de un director con poca experiencia, fogueado en Hungría (sí, Hungría) para que rueden un libreto escrito por un novato? El resultado es Blindado (Armored, 2009), una cinta de acción en la que, curiosamente, falta acción y sobran diálogos vacíos, flojos, insustanciales. Una película en la que lo mejor es una premisa, la de tíos legales que se vuelven malos, que no acaba encontrando un reflejo a la altura de las expectativas.

Expectativas es, precisamente, lo que sobra cuando te sometes al visionado de Blindado. Lo preferible es hacerlo con la menor cantidad posible de referencias. Porque si uno se pone a analizar quién está detrás de esto, es bastante probable que se reduzca la esperanza de encontrarse ante un buen producto. Dirige Nimród Antal, contra el que no tengo nada, pero es sintomático que tuviera que marcharse a trabajar a su país de origen, Hungría, antes de volver a los Estados Unidos; hablan maravillas de su película Kontroll, que le granjeó varios premios, entre ellos una mención como director joven en Cannes, pero no he tenido la suerte de disfrutar de dicho cuento fantástico. Junto a Antal, un tal James V. Simpson firmando el guión. Y en sus manos, un elenco de actores que nunca fueron una maravilla y, ahora, es tarde para que lleguen a serlo: Matt Dillon, como falso protagonista; Jean Reno, Laurence Fishburne y Fred Ward. Completando el reparto coral, caras televisivas: Milo Ventimiglia (Héroes) y Amaury Nolasco (Prison Break). Y una cara nueva, a la postre la del protagonista: el desconocido Columbus Short, actor afroamericano al que seguramente veremos en más vehículos de acción como este.

La historia tiene un punto atractivo: el de situarse en el mundillo de los guardias de seguridad; en este caso, encargados de transportar dinero de los bancos en furgones blindados. A un grupo de estos currantes, con Dillon como cabecilla, se le ocurre fingir un atraco para quedarse con la pasta. El único escollo es el personaje de Short, un veterano de Irak que vive agobiado por conservar su casa y educar a su hermano (sí, un dramón), y que por encima tiene principios morales. A este buen chaval acaban convenciéndole para que participe en el robo… hasta que se raja y se convierte en un auténtico quebradero de cabeza.

El problema, uno de tantos, es que la espoleta tarda en estallar, demorada por una primera parte, diseñada para justificar la conversión en villanos, demasiado cocinada y sin dotes para sostenerse sin tiros ni persecuciones; y cuando finalmente estalla, lo hace sin llegar a cautivar, cayendo en lo previsible y abocando la trama al clásico y manido “irán muriendo uno tras otro”. El final feliz es tan inevitable como pobre.

Lo que podría haber sido una historia negra, la de unos tipos cegados por la codicia que encarnan lo más bajo del ser humano, un poco en la línea de Reservoir Dogs, pero con más adrenalina, se queda en carne de video-club para espectadores poco exigentes por culpa de un guión flojo, actores con poca entidad y un director del montón que, ahora, prepara la última entrega de la saga Depredador.

Prescindible. El cartel es de lo mejor.